Soy idiota.

Hay gente que es idiota y no lo sabe, otra, sin embargo, lo tiene claro.

 

Esa soy yo, idiota de manual.   

Así me siento.   

Y,   

Esto pasa cuando llevas toda una vida viviendo en un sitio y no te das cuenta del potencial vitícola que tienes entre manos.   

Da igual, no pasa nada.  

Hay un dicho clásico, tan manoseado como cierto, que dice: “más vale tarde que nunca”.  

Así que, tarde, sí.

Pero aquí estamos. 

 Y ahora que te he confesado mi idiotez, sigo;  

 

La historia que ha descubierto este vino ha cambiado a esta comarca, Sobrarbe,  

para siempre.   

Una zona vitícola milenaria que, azotada por la despoblación y la filoxera, casi se piede para siempre. 
 
De miles de hectáreas, quedan apenas 6.  
De lo que fue una cultura única, casi nadie la recuerda.  

Yo creía que aquí el vino se hacía para autoconsumo y poco más, nuestros abuelos elaboraban vino, tenían viña y en las casas había bodega.    

Parecía lógico.   

Cuando empecé en 2020, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar.  

 En 2022 alquilamos la viña de Ramón y Andrés Aníes, para elaborar nuestro primer vino.   

Derrotados por la sequía, poder comprar sus uvas fue un soplo de aire fresco que nos devolvió el aliento.  

 

Con la uva, llegó el vino y con el vino la historia.  

 

A partir de ahí empezó todo.   

Sobrarbe. Aquí, hasta mediado del SXX se vivía del vino, era la principal riqueza.   

Los pueblos bajos de la comarca elaboraban vino y lo vendían a los pueblos de montaña.  

 

Había comercio, había cultura y había vida.  

 

Cuando supimos esto, hablamos con Ramón y Andrés Aníes, nos contaron su historia, sus hazañas, la viña y su forma de entender el vino.   

Hasta donde su memoria alcanzaba.    

Nos dijeron como elaboraban el vino y por qué aquí se hacía así.   

Quisimos aprender de ellos, buscar entre los archivos de sus recuerdos para encontrar lo que poco a poco iba cayendo en la niebla del olvido.   

Y por poco se pierden para siempre.   

Por suerte, Andrés aún tiene recuerdos vivos en su memoria y con sus palabras nos ha ayudado a recuperar la receta de un vino de montaña, un arte casi perdido. 

 Un vino para ser bebido.   

Poco a poco, descubrimos que esa forma de elaborar tenía que ver con nuestro empeño de elaborar vinos que llevan el paisaje a la botella.  

 Vinos que forman parte de la historia, el pasado, el presente y puede que el futuro.  

 

En 2022 fuimos cautos, aun así, nos sorprendió, hicimos 684 botellas, en dos meses voló.  

 

No nos lo creíamos ni nosotros.  

 

En 2023, al conocer la viña, Nico pudo arriesgar y elaborar un vino como los que se hacían aquí.  

 

Un vino de pueblo, de montaña, para ser bebido.  

DIAPLES BLANCO 20233, estuvo más de 10 días en contacto con las pieles, como lo hacían Ramón y Andrés Aníes hace 70 años.   

Elaborado con viñas de más de 100 años. Plantadas en otra época, cuando la economía local giraba en torno al vino y el paisaje se cultivaba para sustentar a familias enteras. 

 En 2023, Andrés Aníes casi nos quita la viña por no poner el pastor a tiempo, por dejar que entrara el jabalí en la viña.  

 Él lo sabía, nosotros nos creímos más listos.  

 

Y así nos fue, perdimos mucha cosecha.   

Por eso, solo hay 150 botellas para vender aquí.  El resto ya está reservado.   

Si fuiste de los que se quedó sin probarlo, tienes la oportunidad de comprar tu botella.   

Sin reserva y sin espera.   

Las compras y te la enviamos.   

El precio son 26€.  

 

Ramón y Andrés tenían que ser parte de este vino, una guía y un referente para encontrar la receta a un vino auténtico de montaña. 

 

  • Elaborado con pieles, para pasar más nervios que una novia el día de su boda. Ojo! No es un vino naranja. Ni duro. Ni hay que decir que es natural para que te guste. Es un vinazo blanco, en el que hemos conseguido capturar el duende que se esconde en las pieles. Textura longitud y energía en boca. 

 

  • Una añada escasa, la sequía y los animales nos dejaron casi sin cosecha. El año que Andrés se enfadó con nosotros por no poner el pastor del 1 de agosto. Casi perdemos la viña. 

 

  • Un blanco elaborado como si fuera un tinto, pero en blanco. Las pieles han estado en contacto con el mosto hasta 15 días, buscando un punto tánico final que recuerda al jengibre. Un cosquilleo punzante. 

 

  • Un blanco raro. Goloso y chispeante. Un vino en el que Nico, el enólogo ha puesto en entredicho lo que aprendió en la carrera. Se la ha jugado. 

NOTA DE CATA:  

 

En nariz, es sutil y esquivo. Muchos aromas que se esconden unos detrás de otros. Como pajarillos en un zarzal. Caquis maduros, flores secas y té de roca. 

Una planta que crece en la roca, y aquí, las abuelas la usan para infusiones. Aromas cítricos y terrosos, que me recuerdana  cuando iba con mi abuela a recoger té de roca. 

 

En boca, es sedoso y con un punto secante, muy fluído y delicado.  

Tiene un final de boca picante y terroso, similar al jengibre o alos rábanos silvestres.  

Es complejo y profundo.